Emprendimiento, un fenómeno que está transformando la economía y la sociedad mundial.

La ola tecnológica y la tendencia (y necesidad) de digitalizar  todo lo que se mueva, está poniéndole el pie encima a los modelos de negocios tradicionales. Ahorro de tiempo y dinero, facilidad de trámites, soluciones instantáneas, comodidad, y un largo etcétera, está obligando el mercado a migrar rápidamente del papel a la pantalla, y de las filas a códigos QR.

Desde que Uber está circulando en el mercado, los taxistas alrededor del mundo, al menos en los países donde ha llegado Uber, se han convertido, más que en una solución, en un problema. Mientras tanto, los hoteleros del mundo están lidiando con Airbnb, y los fabricantes de hardware con Cloud Computing. En todas las industrias, los emprendimientos están reinventando el funcionamiento de la economía, brindando soluciones más rápidas y eficientes a partir del uso tecnológico.

Como es lógico, es mucho más sencillo para una empresa que apenas empieza, anclar su modelo de negocios a un sistema digital, que para una corporación con cincuenta años en el mercado, cuyo modelo siempre ha estado ligado a métodos tradicionales. El proceso de cambio debe ser transitorio, no agresivo. Tienen un mercado qué cuidar, un funcionamiento interno el cual adaptar a dicho cambio, empleados qué capacitar y/o contratar y otra serie de procesos que obligan a que dicho cambio se dé paso a paso y líneas de tiempos medianas y largas.

No obstante, no todo está  ‘patas arriba’ con las grandes corporaciones, considerando que no siempre los emprendimientos representan una competencia directa; muchas veces su papel corresponde a un aliado que facilita ese proceso de transformación de las mismas.

De hecho, los startups representan la alternativa más interesante a estas empresas, considerando que tienen a su disposición cientos y hasta miles de emprendimientos  ‘a la carta’. Las más osadas, incluso, se dan a la tarea de crear spin offs, o startups en pro de lograr la digitalización de su modelo, una exclusivamente para ellos.

En las mismas ciudades donde Ford, Kraft y Heinz construyeron imperios hace un siglo, miles de jóvenes están creando nuevas empresas en espacios temporales de oficinas, alimentados por café y por los sueños de ser grandes. La diferencia central radica en la propiedad, mientras que en las grandes corporaciones existe dominio difuso, y nadie está completamente seguro de qué pertenece a quién, las startups van a gran longitud para definir quién es el dueño de cada cosa.

En los primeros trazos de una empresa, los fundadores y los primeros socios poseen una participación mayoritaria. Esto ha sido siempre una de las características principales en la organización de las startups, y hoy los derechos y las responsabilidades están meticulosamente definidos en los contratos. Alineando los intereses y creando una cultura de trabajo duro y camaradería, considerando que no se trabaja para un salario mensual, sino para proyectar algo que como mencionamos anteriormente, representa los sueños de cada emprendedor, obligándolos a brindar servicios óptimos y a la mano (literalmente) de cada cliente; transformando así la manera en cómo el consumidor se comunica con el mercado y el mercado con él.

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